Está bien: un mensaje para los cuidadores de niños con autismo

Por Nia Berrian, BCBA
Soy mamá, soy Board Certified Behavior Analyst y estoy aquí para decirte que, si cuidas a un niño con autismo, ya sabes que al mundo le encanta opinar, sobre todo cuando se trata de conductas que la gente no entiende. Las miradas, los comentarios, los consejos que nadie pidió, los familiares que “tienen buenas intenciones” pero en realidad no comprenden… todo eso puede pesar mucho en el corazón.
Pero aquí está la verdad que mereces escuchar con claridad:
Está absolutamente bien que tu hijo o hija tenga ciertas conductas en público o frente a otras personas.
No importa lo que la gente piense.
Lo que más importa es la seguridad emocional de tu hijo o hija, y tu paciencia, tu amor y tu presencia.
La conducta de tu hijo o hija es comunicación, no mal comportamiento
Cada estimulación (stim), cada crisis, cada momento de desbordamiento es tu hijo o hija diciéndote algo.
- No están “portándose mal” ni tratando de avergonzarte.
- Están afrontando la situación. Están expresándose.
- Están abriéndose paso en un mundo que muchas veces es demasiado ruidoso, demasiado brillante, demasiado impredecible.
Y tu tarea no es hacer que esa comunicación resulte agradable para los desconocidos.
Tu tarea es entenderla, honrarla y responder con compasión.
Lee esto dos veces, o tantas veces como lo necesites:
No le debes al mundo ninguna explicación
- No le debes a nadie una disculpa por las necesidades de tu hijo o hija.
- No le debes una explicación a un desconocido.
- No necesitas justificar por qué tu hijo o hija se estimula, camina de un lado a otro, tararea, repite frases, se tapa los oídos o entra en crisis.
- La comodidad y la seguridad de tu hijo o hija siempre serán más importantes que la opinión de alguien más.
La incomodidad de los demás es responsabilidad de ellos, no tuya, y definitivamente no de tu hijo o hija.
Las opiniones de la familia no definen tu forma de criar
Incluso tus seres queridos pueden malinterpretar las conductas de tu hijo o hija, y quizá escuches comentarios como:
- “Ya debería saber comportarse”.
- “Le hace falta disciplina”.
- “Nunca va a aprender si le permites eso”.
- “Eres demasiado paciente con ella”.
Esas palabras nacen de la incomprensión, no de la verdad.
- No eres “demasiado paciente”.
- Eres exactamente el papá o la mamá que tu hijo o hija necesita.
Tu hijo o hija no necesita cambiar quién es para que otros se sientan más cómodos.
El mundo puede adaptarse, no ellos, mientras tú abogas por tu hijo o hija.
Tu calma es su lugar seguro
Cuando tu hijo o hija la está pasando mal, está tomando prestada tu estabilidad.
- Tu paciencia no es debilidad: es fortaleza.
- Tu ternura no es permisividad: es sanación.
- Tu presencia no es opcional: es su ancla.
En los momentos en que se sienten abrumados, confundidos o sobreestimulados, tú eres el recordatorio de que no están solos.
Y eso importa muchísimo más que mantener una apariencia perfecta en público.
Celebra el valor que hace falta para salir al mundo
Salir con tu hijo o hija en público, incluso en los días difíciles, es un acto de valentía.
Elegir la compasión en lugar de la vergüenza es valiente.
Ignorar las miradas y concentrarte en tu hijo o hija es valiente.
Honrar quiénes son en lugar de quiénes esperan los demás que sean es valiente.
- Tu hijo o hija lo ve.
- Tu hijo o hija lo siente.
Y lo más importante: tu hijo o hija recordará la seguridad emocional que le diste mucho antes de recordar cualquier momento difícil en público.
Que esto te sirva de recordatorio
- ¡Tu hijo o hija no es “demasiado”!
- ¡Sus conductas no son “malas”! - ¡No estás fallando! - ¡No estás solo! - ¡El mundo puede esperar!
- ¡Los juicios se pueden ignorar!
¡¡¡La seguridad emocional de tu hijo o hija no tiene precio!!!
Nunca necesitas hacer más pequeño a tu hijo o hija, ni a ti, para que otros se sientan cómodos.
Estás criando a un niño o niña que vive el mundo de otra manera. Y lo estás haciendo con amor, paciencia y resiliencia, algo de lo que puedes sentirte increíblemente orgulloso.
Todos los días te presentas con amor, paciencia y resiliencia, incluso cuando el mundo no siempre lo entiende.
Abogas. Aprendes. Te adaptas. Celebras las pequeñas victorias que otros quizá pasan por alto.
- Esa fortaleza.
- Ese compromiso.
- Ese corazón inquebrantable.
No es un superpoder: es una habilidad que tuviste que aprender.
Y recuerda:
- Tu hijo o hija no necesita perfección.
- Tu hijo o hija te necesita exactamente a ti. 🤎
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